¿Por qué dabbawalas?

“Dabbawala”, ¿a que suena bien?. Significa “el que lleva una caja” y es el nombre que se les da en Bombay a aquellas personas encargadas de llevar el almuerzo a los trabajadores desde su propio domicilio. Para ello, recogen la tartera con el almuerzo recién hecho, se la llevan al trabajo y la devuelven vacía. La cosa se podría quedar ahí, a pesar de tener más de 120 años de historia, si no fuera porque un estudio de la Universidad de Harvard los ha declarado como el sistema de reparto más eficaz del mundo. Atención, se equivocan una vez cada seis millones de entregas que se dice pronto.
¿A dónde querrá llegar esta mujer? Se estarán preguntando. Permítanme seguir con las historia unas líneas más.
Esta eficacia tiene más mérito del que en un principio puede parecer. Las tarteras recorren largos recorridos, utilizan varios medios de transporte y la práctica totalidad de los dabbawalas son analfabetos. Aún así llegan puntuales y al destinatario correcto, en días de sol y de monzón, que son como nuestros días de lluvia pero a lo grande. ¿Cómo lo consiguen?
Parece ser que la una de las claves está en el sistema de marcas que utilizan el cual convierte a cada tartera en única y reconocible por las diferentes manos de dabbawalas por las que pasa. Cualquier error es rápidamente detectado. Otra de las claves (esta es cosecha mía) creo que es esa conciencia colectiva que algunas culturas tienen más desarrollada que nuestra sociedad, llamada, ironías del lenguaje, sociedad “desarrollada”. El saberse parte de un equipo, de modo que lo que tú haces, influye en el resultado final, nada más y nada menos. Aunque supongo que hay más claves, se las dejo a los de Harvard.
Porque yo no les he contado esta historia porque sea curiosa e interesante, que lo es, sino porque guarda relación con lo que quiero que sea este blog. Porque yo también quiero ser un poco dabbawala. Procuraré traerles una tartera en forma de entrada preparada de forma casera, que ha recorrido un largo trayecto por mi mente y que espero que llegue a su destino de forma puntual y que en ella cada uno de ustedes encuentre justo esos ingredientes que le gustan y le sientan bien. Pero no sólo con ustedes, también con mis alumnos, con mi familia, con mis amigos, soy un poco dabbawala. Procuro recoger con mimo eso que creo que cada uno necesita, marcarlo bien porque cada destinatario es único y su tartera también, y por último dejarlo en otras manos para que siga su recorrido, que es largo y no depende únicamente de mí.
Y no sólo yo, creo que todos somos un poco dabbawalas. Les invito a pensar cuáles son sus tarteras, ya sea en su trabajo o en su vida (que no pocas veces es también un trabajo). Les invito a “marcarlas” con mimo, de manera que sean fácilmente reconocibles y a llevarlas a su destinatario. En ocasiones, tendrán que pasar por otras manos pero habrá que confiar en ellas, a cada uno nos toca nuestra parte. Les invito a sentirse parte de un equipo, a realizar su tarea de forma humilde y responsable, sabiendo que es sólo una parte pero que si no se hace bien, el resultado se resiente. No se trata de aumentar la eficacia o al menos no la eficacia numérica, sí la del corazón, intentar dañar menos de uno cada seis millones, como buen dabbawala.

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